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Sello con el cuál Bernardo de Clairvaux firmaba sus documentos, estos sellos eran comunes en la época y denotaban prestigio además de que en ocasiones contaban la historia del personaje. |
Después del caluroso recibimiento de Bernardo de Clairvaux, Hugo de payns y los cuatro acompañantes que había llevado consigo a Europa fueron recibidos en calidad de recomendados por Bernardo de Clairvaux, por el papa Honorio II, en Roma. Los entonces miembros de la aspirante a orden, habían recibido de los canónigos del Santo Sepulcro la regla de San Agustín, misma que ellos profesaban , que era una normativa que describía una serie de deberes religiosos que ellos debían llevar a cabo, sin embargo Bernardo de Claurvaux quería algo más de la nueva orden y en la primavera de 1128, se celebró un concilio extraordinario en Troyes, a la cuál asistió una serie de personalidades importantes dentro del ámbito religioso astutamente reunidos por el Avad Bernardo de Clairvaux, ya que todos estaban vinculados a el de cierta manera, ahí fue donde él mismo, expuso los principios y primeros servicios de la Orden. Fue así como la Orden del Temple fue reconocida "oficialmente" como una militarización oficial de las cruzadas y luego de esto, el apoyo de nobles y príncipes fue requerido por el concilio para que ayudaran a la recién reconocida orden además de que se le pidió a Bernardo de Clairvaux que redactara una regla única original para los Templarios. Dichas leyes eran una mezcla de normas militares y normas religiosas, hacían votos de obediencia, castidad y pobreza. También se les impuso un manto blanco como prenda oficial y más tarde el papa Eugenio III le agregó una cruz de malta.
Su entrenamiento era tanto físico como espiritual, ya que se les instruía tanto de religión como del manejo de las armas. Cuando alguien se iniciaba en la orden de los templarios todos sus bienes (propiedades y grandes fortunas, cuando se trataba de nobles) pasaban a manos de la orden, así que no es raro que el poderío económico de los templarios creciera rápidamente.
A todas estas curiosas características de la orden, se le añade que únicamente respondían al papa y a la iglesia, de este modo, la defensa de Jerusalén y por qué no decirlo, futuras conquistas, estaban aseguradas. En su sentido de monjes, los templarios debían de pronunciar los votos de pobreza, castidad y obediencia, más un cuarto voto de conquista y conservación de tierra santa, aunque cumplir este voto significara sacrificar su vida. Se distinguían de otras órdenes como la orden de los caballeros teutónicos o los caballeros de San Juan de Jerusalén, las cuáles eran más bien fundadas como instituciones de beneficiencia o caridad.